Saber que estás ahí,
mirarte y sonreír.
Acurrucarte en mí.
Sentir tu respiración...
No creo que exista algo mejor.
Llueve. Y es ese día gris de siempre. En el que sales a la calle, te escondes bajo el paragüas y caminas. Pones tu música y sigues hacia delante, dejando atrás a cada una de las personas con las que te cruzas. Sintiendo esa sensación extraña... pero sencilla, que no predice cambios a la vista.